martes, julio 31, 2007

Me arde

Es duro enterarse de que los montes están ardiendo en Canarias; concretamente en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y también en La Palma. Y no sólo se trata de árboles: se han evacuado muchos núcleos poblados, no son pocas las casas que han ardido, además de instalaciones de ocio, sobre todo en Gran Canaria.

Aún siendo de Tenerife, me duele sobre tdo el incendio de la isla de enfrente por varias razones: por la certeza de saber que ha sido intencionado (ya habrán visto la cara del pobre diablo que lo provocó), porque ha arrasado un pinar ya bastante debilitado en una zona espectacularmente bella (el centro de la isla) y también por la suerte de una pequeña ave de la que he tomado prestado mi alias. El pinzón azul -endémico de Canarias- tiene dos subespecies. La de Tenerife goza de una salud relativamente buena, al menos de momento. La de Gran Canaria es probable se haya extinguido con este fuego, exceptuando los ejemplares criados en cautividad en Tafira.

En Tenerife se sabe que el fuego empezó por encima de La Corona, en Los Realejos, y ya se extiende hasta la vertiente oeste de la isla. Casi desde que tengo uso de razón recuerdo que en esa zona se producen numerosos conatos y alarmas de incendio, casi todos controlados a tiempo afortunadamente. Señal evidente de que son fuegos también intencionados, por lo cual no me explico que no se haya atrapado a nadie en tanto tiempo.

Vista la situación, sólo me queda desear que los equipos de extinción puedan hacer todo lo posible y que las condiciones meteorológicas mejoren. Aunque es obvio que muchas cosas son mejorables, no tengo hoy ganas de despotricar contra políticos y otros gestores. Sabiendo que los incendios son en su gran mayoría intencionados, a las instituciones sólo les puedo pedir que tengan los montes limpios, contraten personal responsable y que en casos de calor extremo u otras circunstancias similares no se anden con tonterías y cierren todos los accesos a los bosques: si hay que cortar las carreteras que suben a Las Cañadas, Anaga o Teno durante unos cuantos días, no deben doler prendas en ello. Si de algo me puedo alegrar de no estar estos días allí, es por no tener que avergonzarme viendo una televisión que no informa o unos medios que en general caen en el amarillismo: se me revolverían las tripas escuchando como en las radios abren teléfonos para que los oyentes muestren su indignación echando las culpas a algún factor externo (si es godo, tanto mejor). En muchos casos esas personas que ahora se rasgan las vestiduras serán los mismos jediondos que dejan un montón de basura desperdigada por el pinar después de una chuletada, grandes bolsas de plástico o una vieja tabla de boogie botadas sobre la nieve y vasos y envases de plásticos en el mar. Y así nos va.

(La imagen la tomé de elpais.com)